«Durante todo este tiempo he tenido la impresión de vivir mi pasión en clave de novela, pero ahora no sé en qué clave la estoy escribiendo,si en la del testimonio, o de la confidencia -como suele ser habitual en las revistas femeninas-, en la del manifiesto o del atestado, o incluso del comentario de texto.
No estoy relatando una relación, no estoy contando sólo una historia (que solo capto a medias) con una cronología precisa, <<vino el 11 de noviembre>>, o aproximada, <<transcurrieron unas semanas>>. Para mí no había cronología en esta relación,sólo conocía la presencia o la ausencia. Me limito a acumular las manifestaciones de una pasión y a oscilar incensantemente entre <<siempre>> y <<un día>>, como si este inventario fuera a permitirme alcanzar la realidad de esta pasión. Por supuesto, aquí, en la enumeración y descripción de los hechos, no hay ironía ni escarnio, que son maneras de contar las cosas a los demás o a uno mismo tras haberlas vivido, pero no de experimentarlas en el momento mismo. (…)
Yo tenía el privilegio de vivir desde el inicio, constantemente, con plena conciencia, lo que siempre acaba por descubrirse con asombro y perplejidad: el hombre al que se ama es un extraño (…)
Y que todo esto empiece a parecerme tan ajeno como si se tratara de otra mujer, nada cambia en lo siguiente: gracias a él me acerqué al límite que separaba del otro, hasta el punto de que a veces creí traspasarlo.
He medido el tiempo de otro modo, con todo mi cuerpo.
He descubierto de lo que uno puede ser capaz,que equivale a decir de todo. De deseos sublimes o letales, falta de dignidad, creencias y comportamientos que tildaba de insensatos en los demás, hasta que yo misma recurrí a ellos. Sin que él lo sospeche, me ha ligado más al mundo. »