La casa infernal, Richard Matheson

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“Abrió los ojos y miró a Lionel. Estaba profundamente dormido. Al mover la mano derecha sintió el tirón de la corbata en la muñeca. ¿Realmente le había atado porque se había levantado sonámbula la noche anterior?¿Acaso era Fischer lo que le preocupaba?¿Temía que regresara junto a él? No sabía por qué se había comportado de esa forma con él. ¿Realmente había sido la casa?¿Había sido algo que había en su interior? Nunca había tenido unos deseos sexuales tan evidentes, ni con Lionel ni con ningún otro hombre…o mujer. Se estremeció. Le asombraban y desconcertaban las cosas que había dicho y hecho desde que había llegado a esa casa.
Apretó los labios con fuerza. No podía ser ella; tenía que Haber algo más. Algo había invadido su ser, algún virus o corrupción que, incluso mientras yacía en la cama, estaba prolongando la enfermedad por todo su cuerpo y mente. No estaba dispuesta a creer que algún mal desconocido de su propia naturaleza hubiera decidido aparecer justo ahora. Tenía que ser la casa. Había afectado a otros. Era imposible que ella hubiera quedado inmune.
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Abrázame, oscuridad, Dennis Lehane

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“Nada de eso guarda la más mínima relación con la pesadilla que se abatió sobre mi vida y la de otras personas de esta ciudad hace dos meses, una pesadilla que me dejó unas heridas que, según los médicos, se han curado todo lo bien que cabía esperar, aunque mi mano derecha aún tiene que recuperar la mayor parte de su sensibilidad y las cicatrices del rostro me arden a veces bajo la barba que me he dejado crecer. No, ni el cura al que dispararon, ni el asesino en serie que se coló en mi vida, ni la última <<limpieza étnica>> perpetrada en una antigua república soviética, ni el hombre que voló una clínica abortiva no muy lejos de aquí, ni el otro asesino en serie que ya se ha cargado a diez personas en Utah y aún no ha sido atrapado…nada de esto está relacionado con ello.
Pero a veces ‘parece’ que sí lo está, que en alguna parte hay un hilo que une todos esos acontecimientos, todos esos actos violentos arbitrarios y sin explicación, y que si pudiéramos localizar el origen de ese hilo y tirar de él tal vez podríamos sacarlo todo a la luz y verle la lógica. ”

El libro del mar, Morten A. Stroksnes

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“Por la noche, a veces vemos la televisión, siempre algún canal en el que den documentales de animales. Parece que emitan sin parar programas sobre ballenas y tiburones, en los que siempre suena una música dramática de fondo o se oyen un montón de expresiones tipo <<¡es muy peligroso!>> o <<¡es una bestia!>>, <<¡es un monstruo!>>, sobre todo cuando salen los tiburones. Se presenta a los animales de una manera casi medieval, como seres morales o inmorales cuya manera de pensar es más o menos como la nuestra. Las ballenas son casi siempre buenas, como pequeños burgueses con familias nucleares, para los que las canciones, los juegos y la educación de los hijos constituyen el centro de todo, son vegetarianos y durante las vacaciones recorren los océanos del mundo.
Sin embargo, de vez en cuando aparecen escenas que rompen el modelo más extendido. En uno de los programas sale una mujer que se dedica a hacer inmersiones de buceo libre e intentan entablar amistad con un calderón. La ballena le agarra un pie y la sumerge unos diez metros, que es mucho para un ser humano. Allí la suelta y deja que vuelva a subir a la superficie, jadeando, en busca de una bocanada de aire. Luego la sumerge de nuevo y la mantiene abajo hasta que la mujer está a punto de ahogarse. La ballena no la muerde, pero le agarra el pie con firmeza, aunque también con cuidado. El animal parece estar jugando con su vida. Al cabo de varias ahogadillas, los movimientos de la buceadora se vuelven torpes. Está a punto de perder la conciencia. Al parecer, el calderón es capaz de sentir hasta dónde llega la resistencia de la buceadora, y cuando está medio muerta, la empuja hasta la superficie. La salva la misma ballena que casi la ahogado. Una ballena mala y otra buena conviven en la misma criatura.
La historia no tiene ninguna moraleja, pero muestra que las ballenas son animales inteligentes que no sienten ni simpatía ni empatía para los humanos de forma automática, sino que hacen lo que les conviene. Como todos los seres inteligentes, pueden mostrar una conducta, sino psicótica, al menos sumamente divergente. (…)

Las fachadas de las catedrales de la edad media estaban plagadas de demonios y animales fantásticos, y a todos se les consideraba igual de reales. Siempre hemos tenido miedo de lo bestial, sobre todo de los carnívoros, que nos podían comer. Por eso con nuestras actividades hemos exterminado a otras especies a una velocidad vertiginosa, porque conseguimos el dominio en la Tierra y controlar los océanos. Hemos llegado tan lejos que apenas se trata ya de una lucha justa entre seres humanos y animales. Y si se presenta así, suele ser en calidad de ficción, porque hoy en día la batalla de verdad se libra siempre entras las personas..
Hoy en día los animales salvajes están amenazados. En su mayoría sólo los encontramos en zoológicos o safaris, en los que la gente paga enormes sumas por vislumbrar a las grandes presas de la sabana, quizá incluso a través de una mira telescópica. A muchos les produce alegría ver de cerca ballenas o tiburones, pero también les da categoría. (…)

Sus hijos quisieron darle una sorpresa y le regalaron un viaje en globo aerostático.
-Subimos despacio por encima de la ciudad. Era por la mañana temprano, pero Barcelona ya estaba despierta, con todos sus sonidos. Al principio oíamos a la gente, incluso la música que salía por las ventanas. Cuando estos sonidos desaparecieron, oíamos los coches y el tráfico, el ruido de las máquinas, de las sirenas, el canto de los pájaros, toda clase de cosas. Conforme ascendíamos, cada vez, más sonidos iban desapareciendo, como si se filtraran. Y al final, cuando ya estábamos por encima de las nubes, sólo quedó uno. ¿Sabes cuál fue el último que oí mientras miraba hacia abajo, a las nubes que se posaban sobre la ciudad, antes de que reinara el silencio absoluto y lo único que quedara fuera el viento?
Me lo pienso un par de segundos y nuego con la cabeza.
-El de los perros. No en forma de ladridos o aullidos, sino el sonido de los perros comunicándose entre ellos a gran distancia -me explica.”

Papá se ha ido de caza, Penelope Mortimer

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“La primera fase de la pesadilla consiste en perder la capacidad de creer en lo insignificante. La consciencia se agudiza hasta el punto de que nada es trivial, sino que cada momento, cada detalle posee la misma insoportable cualidad de generar pavor. En ese estado de desesperación no hay crisis. El bondadoso censor de la memoria ha perdido el control y todo se recuerda con el mismo horror, la uña partida se transforma en la irregular delatora del sinsentido de la existencia, el comentario más inocente da rienda suelta, sin previo aviso, al dolor o el terror de toda una vida. Pero aún así los días se amontonan, uno encima del otro, de manera ordenada; las semanas siguen marcadas por un domingo en rojo y los meses tienen nombre. Es neceario comer y dormir. Es necesario disponerlo todo para el futuro, aun cuando ello consista únicamente en tomar aliento con el fin de que este pueda, en algún momento, exhalarse y respirarse de nuevo. El juicio moral que se le destina a este estado de desdicha es tan severo como el que se les otorga a los lunáticos de Bedlam. Una pérdida absoluta, dice con petulante repugnancia, del sentido de la mesura. Y es exactamente así. ”

Algo que brilla como el mar, de Hiromi Kawakami

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“-¿Por qué os separastais si no queríais? -le había preguntado a mi madre al día siguiente de la cita doble en Shibuya. <<Yo no quería, pero Yasuro decidió romper>>, me había dicho ella la tarde anterior, y sus palabras resonaban en mi cabeza sin descanso.
-Verás – empezó, con la mirada perdida-. Si tuviera que enumerarte algunos motivos, encontraría muchos. Como, por ejemplo, que yo ejercía una presión invisible sobre Yasuro, o que él era un hombre muy irresponsable, o que éramos incompatibles -continuó mi madre-. Pero, probablemente, todos esos inconvenientes se habrían solucionado con el paso del tiempo si nos hubiéramos encontrado al cabo de unos años o si hubiera transcurrido un poco más de tiempo entre una cosa y la otra.
-Ya veo – repuse
-Así fue. Dicen que las cosas pasan porque son inevitables. ¿Tú crees en eso, Midori? -La pregunta me cogió desprevenido y no supe qué responder-. Yo me niego a creer que nuestra separación fuera inevitable, porque yo estaba muy enamorado de Yasuro, y creo que él sentía lo mismo por mí. No había ningún obstáculo. Sin embargo, al final las cosas fueron así. Bien mirado, fue un poco extraño – confirmó mi madre como si nada, sin esperar mi respuesta.
-¿Extraño? – intervine, y ella profirió una risita apagada.
-Sí, fue extraño. Pero al final las cosas fueron así, y no se puede cambiar lo ocurrido añadió, -mientras salía de la habitación.

El alma del mar, de Philip Hoare

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“Para las ballenas dentadas bendecidas con un sónar de precisión milimétrica, todo es transparente; nada permanece oculto. Viven en otra dimensón, capaces de ver a través de lo sólido y discernir las estructuras que existen en su interior. Una ballena o un delfín pueden ver el interior de mi cuerpo con tanta precisión como yo puedo ver el exterior del suyo; debo parecerles uno de los monigotes educativos que teníamos en la escuela, figuras de plástico transparente de un hombre y una mujer con sus órganos internos impúdicamente expuestos. Para los cetáceos, el mundo está desnudo.
En su libro En defensa de los delfines, el profesor de ética Thomas I. White destaca que los delfines que ha estudiado son capaces de utilizar su sónar para detectar los estados emocionales de otros delfines, como si fueran un polígrafo, guiándose por la forma en que asciende o desciende su temperatura corporal. En consecuencia, no pueden disimular lo que sienten del modo que podemos hacerlo nosotros. Saben si otro delfin está enfadado o excitado. Tomando como base de su argumento el gran tamaño de las amigdalas de los delfines, la parte principal que procesa las conexiones emocionales y sociales en el cerebro y que es proporcionalmente mucho mayor en los delfines que en los humanos, White sugiere que puede que estén emocionalmente más desarrollados que nosotros, quizá como consecuencia de su alto nivel de actividad social: necesitan llevarse bien unos con otros porque viajan muy juntos y en gran nýmero. Puede que esto resulte todavía más importante para los cachalotes, como afirma Hal Whitehead, el eminente cetólogo, pues en cualquier momento podrían volver su poderoso sónar contra alguno de sus semejantes y causarle graves daños. Las ballenas, por consiguiente, deben de disponer forzosamente de códigos de etiqueta, quizás incluso de algún tipo de moral. Los buenos modales son tan deseables en las reuniones de cetáceos como lo son en las nuestras.
Para los humanos puede que las emociones sean solamente un producto de nuestros cerebros altamente desarrollados, una función de las neuronas conectadas en hileras que nos distingue de los demás mamiferos. Pero recientemente se ha descubierto que algunos cetáceos -entre ellos, los cachalotes- poseen también esos racimos de nervios, de hecho en un número hasta tres veces superior a los humanos o primates, y que los desarrollaron hace treinta millones de años, es decir, hace el doble de tiempo que nosotros. Estas son las células que procesan la organización social, el habla y la intuición sobre los sentimientos del otro; en cuanto a qué uso hacen las ballenas de estas emociones, o siquiera si se parecen en algo a las nuestras, simplemente no lo sabemos y no podemos más que imaginarlo. Si la empatía es lo que nos diferencia del resto de animales, ¿qué implicaciones tendría que los cetáceos también la poseyeran?¿Podría ser la explicación de su tendencia a varar en masa? Hal Whitehead refiere un incidente en el que un solitario cachalote varó en una orilla remota mientras dos de sus compañeros nadaban de un lado a otro de la bahía, cada vez más angustiados. Al final terminaron por vararse ellos también, para morir junto a su camarada.
Otro de los refinamientos del ser humano es que, a diferencia de otros animales, sabemos que vamos a morir. Las investigaciones han demostrado que los cetáceos tienen noción individual de sí mismos y son conscientes de su existencia como seres vivos. ¿Y si también comparten nuestra angustia existencial? No tenemos la capacidad de entrevistar a animales y no dejan autobiografías. A pesar de nuestros avances científicos, sus vidas interiores siguen siendo un misterio. “
 

Mystic river, Dennis Lehane

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Echó un vistazo a los tipos del bar y vio que tenían una expresión de asombro mientras contemplaban bailar a las dos chicas, como si fueran apariciones divinas. Dave veía en sus rostros la misma ansia que había visto en los hinchas de Los Angels durante las primeras entradas del partido, un anhelo triste mezclado con la patética aceptación de que regresarían a casa sin ver cumplidos sus deseos; resignados a acariciarse la polla en el cuarto de baño a las tres de la madrugada, mientras la mujer y los niños roncaban en el piso de arriba.
Dave contempló como Katie resplandecía sobre la barra y recordó a Maura Keaveny, desnuda bajo él, con las gotas de sudor cubriéndole las cejas, con los ojos relajados y adormilados a causa de la bebida y del deseo. Deseo por él. Dave Doyle. La estrella del beisbol. El orgullo de las marismas durante tres cortos años. Ya nadie se refería a él como el niño que había sido secuestrado cuando tenía once años. No, era un héroe local. Maura estaba en su cama y la suerte estaba de su lado.
Dave Boyle. Por aquel entonces, aún desconocía lo poco que suelen durar las rachas de buena suerte, la rapidez con la que pueden desaparecer y dejarte con nada, a excepción de un monótono presente que nunca depara ninguna sorpresa, sin motivos para la esperanza, sólo días que se convierten en otros días y que son tan poco emocionantes que, aunque pasara un año, la página del calendario de la cocina seguiría siendo la del mes de marzo.
Uno se decía a sí mismo que ya no iba a soñar más. Que ya no estaba dispuesto a seguir sufriendo. Pero entonces, los equipos jugaban las finales o veías una película, o relucientes carteles publicitarios color propaganda que hacían propaganda de Aruba, o una chica que se parecía mucho a una mujer con la que había salido en el instituto, una mujer que había amado y perdido, y que había bailado encima de ti con ojos relucientes, y uno se decía: <<¡Qué coño, soñemos una vez más! (…)
Hacia diez años, un día que había salido de borrachera con unos amigos y que Sean tenía todo el cuerpo lleno de bourbon, se puso filosófico, y pensó que tal vez habían subido realmente al coche. Los tres juntos. Y que lo que consideraban que en aquel momento era su vida, era tan sólo un sueño. Que todos ellos eran, en realidad, tres niños de once años encerrados en un sótano, inaginándose en qué se habían convertido si hubieran conseguido escapar. (…)
Celeste se quedó sin habla. En ochos años. Dave nunca había hablado de lo que todo el mundo sabía que le había sucedido. Lo único que le había contado es que se encontraba jugando con Jimmy y Sean cuando se lo llevaron, y que había conseguido escapar. Nunca le había explicado nada más ni había oído pronunciar los nombres de esos tipos. Jamás le había dicho lo del saco de dormir. Era la primera vez que oía todo aquello. Era como si en ese momento se despertaran del sueño que había sido su matrimonio para enfrentarse, en contra de su voluntad, con todos los razonamientos, medias mentiras, deseos ocultos y personalidades secretas sobre las que lo habían construido. Observando cómo se desmoronaba al darse cuenta de la aplastante verdad de que nunca se habían conocido, que tan sólo habían esperado llegar a conseguirlo algún día. (…)
Debería habérselo dicho. Desde un buen principio, debería habérselo contado a su mujer lo que en realidad había sucedido. Debería haber confiado en ella. (…)¿Por qué llegaba un momento en que uno dejaba de ver a la gente que siempre le rodeaba? (…)
Alzó los ojos y observó la parte inferior del puente; todo el mundo luchaba por entrar o salir de la ciudad, con prisas y de mal humor, seguramente a sabiendas de cuando llegaran a casa tampoco se encontrarían mejor. La mitad de ellos saldría de su casa enseguida e irían al supermercado a comprar algo que habían olvidado, a un bar, al vídeo club, a un restaurante en el que tendrían que hacer cola otra vez, y todo eso ¿para qué?¿Para qué hacíamos tantas colas?¿Adónde esperábamos llegar? Y una vez allí ¿por qué no estábamos tan contentos como habíamos imaginado? (…)
Entonces supo lo que ella necesitaba oír pero que él no le había dicho, aquello que él se había negado a decirle durante más de un año. Se había dicho a sí mismo que le diría cualquier cosa salvo aquello.
No obstante, en ese momento lo dijo. Lo hizo mientras veía al chaval apuntándole al pecho con su pistola, ese chaval que no olía nada, y viendo, también, al pobre Dave el día en que Sean quería invitarle a una cerveza, el indicio de esperanza que había visto en los ojos de Dave, como si fuera incapaz de creerse que nadie pudiera tener el más mínimo interés en invitarle a una cerveza. Lo dijo porque lo sentía en lo más profundo de su ser; necesitaba decirlo, tanto por Lauren como por él mismo.
-Lo siento
Lauren preguntó:
-¿El qué?
-Haberte hecho responsable de todo.(…)
En ese momento amó a su mujer con la misma intensidad de antes, y se sintió humillado por la habilidad que tenía de establecer una afinidad inmediata con las almas perdidas. Entonces tuvo la certeza de que su matrimonio se había ido al traste por su culpa, por la aparición de su ego de policía, por su desprecio paulatino a los defectos y la fragilidad de la gente.

Desde esta colina, Sue Hubbell

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“Poder económico, movilidad, independencia, sentimientos más arraigados de autoestima, mujeres que toman conciencia del papel de otras mujeres, implicación política: de eso trata el movimiento de la Mujer en todo el país. Sin embargo, irónicamente, <<la liberación de la mujer>> no tiene buena acogida. Las mujeres frucen el ceño ante conceptos de moda como <<aborto>>, <<lesbianismo>> o <<guardería>>.
Eso no significa que no existan feministas radicales en los Ozarks. Entre los retornados a la tierra que se han ido juntando en los montes durante los últimos años, varias mujeres con estudios universitarios, urbanitas y parlanchinas miran de cerca el cuello de sus propios úteros, cada una de ellas con su propia espéculo, y hacen otras cosas divertidas y modernas. Pero sus vidas están a años luz de las de las mujeres de las granjas o de las que se sientan en las máquinas de coser en las fábricas. Hablan de otro modo y miran el mundo de otro modo. Esas diferencias son más flagrantes para las mujeres de los Ozarks que el hecho de compartir el mismo sexo, y rara vez hacen migas con ellas.
Lo más seguro es que muchas de las mismas personas a las que no les gustaba la idea de que una mujer fuera alcaldesa también se opongan a la enmienda por la Igualdad de Derechos, que ha sido tema de feroz oposición por parte de predicadores fundamentalistas de la zona (…) Aunque las trabajadoras de la fábrica están categoricamente a favor de que se pague lo mismo por un mismo trabajo, las más veteranas aseguran no aprobar la EID porque creen que representa una alteración de la vida familiar, la posibilidad de una llamada a filas y cuartos de baños unisex.
Una coalición de asociaciones de mujeres de San Luis ha ofrecido su apoyo a la alcaldesa Smith, que está a favor de la enmienda, para que se presente a la asamblea legislativa. Pero ella cree que aún no está preparada para asumir ese cargo. Tal vez lo esté cuando las mujeres de la zona, que ya constituyen una mayoría económica, se conviertan en una fuerza social y política segura de sí misma. ”

La investigación, Philippe Claudel

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“La Empresa es un coloso con pies de barro. Nuestro mundo es un coloso con pies de barro. El problema es que pocas personas como usted, quiero decir los pequeños, los explotados, los muertos de hambre, los débiles, los esclavos contemporáneos, se dan cuenta de eso. La época de echarse a la calle y cortarle la cabeza al rey ya ha pasado. Hace mucho tiempo que no hay reyes. Hoy los monarcas no tienen ni cabeza ni rostro. Son mecanismos financieros complejos, algoritmos, proyecciones, especulaciones sobre riesgo y pérdidas, ecuaciones de quinto grado…Sus tronos no son materiales: pantallas, redes de fibra óptica, circuitos impresos…Y su sangre azul es ahora la información encriptada que circula por ellos a velocidades superiores a la de la luz. Sus castillos se han convertido en bancos de datos. Si avería un ordenador de la Empresa, uno de los miles que hay, le corta un dedo al monarca. ¿Lo comprende?- ”

H de halcón, Helen McDonald

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“Hay un tiempo en la vida en que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa hecha de agujeros. De ausencias. De pérdidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta, además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas las mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa, resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos (…)
White dijo que adiestar un azor era como el psicoanalisis. Dijo que entrenar un azor era como adiestrar a un persona que no era humana, sino un ave de presa. Ahora veo que tengo más de conejo que de azor. Vivir con un azor es como adorar un témpano de hielo, o una ladera de rocas desprendidas azotadas por el frío viento de enero.Es la lenta expansión de una astilla de hielo en tu ojo. Amo a Mabel, pero lo que hay entre nosotras no es humano. Es el tipo de frialdad que hace que los interrogadores puedan tapar con tela la boca de hombres y meterles agua en los pulmones convencidos de que no los están torturando. Qué cosas le hacemos a nuestro corazón. Te apartas de ti misma, como si tu alma pudiera ser también un animal migratorio, te sitúas a cierta distancia del horror y miras fijamente al cielo. El azor atrapa a un conejo. Yo mato al conejo. En mi corazón no hay sed de sangre. No me queda corazón. Lo observo todo como si fuera un verdugo tras mil ejecuciones, como si todo esto fuera la forma inevitable en que funciona el mundo. No creo que lo sea. Rezo porque no lo sea. ”